sábado, 16 de octubre de 2010

A la sillita de la reina...

Timanfaya camels

¿Os acordáis de la canción infantil de La sillita de la reina? Era una especie de juego en la que tres o más niños cantaban y jugaban. Para los que nunca hayan jugado lo explico brevemente. Dos niños se cogen de los brazos en cruz, formando una silla, mientras otro se sienta en ella y todos cantan "A la sillita de la reina, que nunca se peina, un día se peinó y la sillita se rompió".  Obviamente, el que se sube hace de reina y los que crean las sillas con sus brazos son los porteadores. Varias cosas pasaban entonces debido a la delicadeza infantil. Lo primero es que el que se subía lo solía hacer sin ningún miramiento, cuanto más de golpe mejor, a ver cuanto podía descolgarle los brazos a sus amigos. Después de un viaje movido y turbulento, debido a la poca fuerza de los porteadores, que luchan por mantenerse en pie y por no perder sus brazos en el intento, lo segundo que pasaba es que en la última palabra de la canción, los que formaban la silla dejaban caer al compañero sin ningún reparo y con gran alivio para ellos. Luego se turnaban y seguía el juego. Nunca entenderé algunos juegos infantiles, aunque he de reconocer que en su momento parecía divertido. Sólo hay una sensación más emocionante que ir en la sillita de la reina, y es ir en camello. Además, que uno tiene la seguridad de que después del viaje turbulento no te van a dejar caer al final del trayecto!

Sillas era el tema de Septiembre de La vuelta al mundo (sí, ya sé que estamos en Octubre). Yo había tomado muchísimas más fotos de sillas, pero estes mes, al igual que los anteriores, fue loco loco.

Las sillas más originales que he visto en mi vida las encontré en Lanzarote, donde fuimos a pasar unos días de vacaciones en Septiembre. Sí, este año las vacaciones fueron tardías pero esos días rodeados de mar y sol nos sentaron muy bien. Una de las cosas que más nos gustaron fue pasear en camello entre volcanes por el parque nacional de Timanfaya. La historia da para otra entrada, así que me la reservo para más adelante.

Otra cosa que no hay que perderse en Lanzarote es visitar sus pueblos costeros, en los que se puede comer un pescado delicioso, recién sacado del mar y cocinado con cariño. El precioso pueblo de Arrieta es uno de estos pueblitos de costa, al lado del mar, con casas blancas y puertas y ventanas pintadas de azul. Al lado de una de las playas de agua cristalina se encuentran estas sillas amarillas, posicionadas frente al mar, y con pedales a sus pies, para que uno haga ejercicio mientras disfruta de esas maravillosas vista del mar con los volcanes al fondo y uno se sienta que va navegando pero sin llegar a mojarse.

Pedaleando hacia el mar

Los cactus son la única vegetación de la isla, junto con los viñedos, ya que Lanzarote es una isla volcánica, desértica, multicolor, que os mostraré más adelante.

P.S: Me he propuesto escribir un post semanal para ir recuperándome, a ver que tal se me da...

4 comentarios:

Una Zamorana y un Sallentí dijo...

Sylvia, que bien que has vuelto. Ya se te echaba de menos.

Las fotos ya las había visto pero no por eso me gustan menos

Muchos besos

María dijo...

Sylvia, ¡qué bueno leerte de nuevo!

Jackie dijo...

creo que al final vas a tener que hacer un post con la receta, querida :)

el mundo la aclama!

estas sillas estan fabulosas, por cierto!

COREN dijo...

Que bueno es volver a leerte Sylvia al igual que deleitarnos con tus fotos e historias......se te ha echado de menos....lo bueno es que estas aquí y con el propósito de escribir mas a menudo eso si que es una muy buena noticia......