Si hace tres años y medio me llegan a decir que la parte más difícil e intensa de un doctorado es la escritura de la tesis, no me lo habría creído. Probablemente hasta me hubiera reído de lo ridículo que suena. Y es que si uno lo piensa detenidamente, ¿cómo va a ser más difícil escribir lo que uno ha hecho durante un doctorado que realizar la propia investigación? No tiene ningún sentido, lo sé, y sin embargo, es la parte más difícil sin lugar a dudas. Cuando uno empieza a escribir, se sube a un tiovivo emocional que dura incluso después de haber acabado de escribir. Y es que escribir lo que uno ha estado haciendo en los últimos tres años no es tarea fácil. Pero lo peor es que pone a prueba la constancia, la paciencia y la estabilidad emocional, entre otras cosas. También pone a prueba la amistad y todas las relaciones sociales que uno tuviera, porque durante esta etapa uno sólo vive para acabar la tesis, y esto se prolonga siempre mucho más de lo que uno (y los demás) quisiera. Uno tiene que poner la tesis como la prioridad número uno para poder acabar, y eso conlleva muchos sacrificios. A veces uno se siente como en las películas basadas en las novelas de Stephen King, esas donde hay un pasillo y uno se pone a correr, pero nunca llega al final del pasillo. Es una sensación tan horrorosa e intensa, uno puede ver el final, pero este final parece que no va a llegar nunca. Así me he sentido durante meses, hasta que por fin, llegué al final del pasillo. Sí, hace un par de semanas que acabé de escribir la tesis. Y aunque ahora empieza un proceso burocrático y formal para poderla presentar oficialmente, lo más difícil ya está hecho.
Pero, ¿Y ahora qué? Mientras estaba escribiendo la tesis, siempre se me ocurrían mil cosas que podría hacer si no tuviera la tesis. Quería aprender más fotografía, hacer patchwork, pasear, leer, ver a mi familia y amigos... pero todo esto siempre iba precedido de un "cuando acabe la tesis..." Uno siente una presión invisible que le acompaña a todas horas, haga lo que haga, esté viendo una peli, durmiendo, comiendo... esa constante presencia de la tesis en la cabeza. Es como la historia de las zapatillas rojas, la tesis te posee y no te deja parar, forma parte de tí.
La historia de las zapatillas rojas es un cuento de Hans Christian Andersen en el que una niña recibe unas zapatillas rojas encantadas, que en cuanto se las pone la poseen y no puede parar de bailar. Es una historia que se llevó al mundo del ballet, y al cine en 1948. A mí me encantó la película, porque me apasiona lo que tenga que ver con el ballet. Aquí podéis ver el trailer:
La película trata una historia dentro de una historia, y se hace un paralelismo entre la vida de la protagonista y la historia original adaptada al ballet. La actriz y bailarina Moira Shearer borda el papel con escenas preciosas que se quedan marcadas en la memoria para siempre. Como todos los cuentos de Hans Christian Andersen este es algo macabro. En la historia original, la niña lo deja todo a un lado porque lo único que puede es bailar con sus zapatillas rojas. Son las zapatillas las que tienen el control. Se muere su madre adoptiva y no va ni al funeral porque no puede dejar de bailar. Cuando lo pierde todo a su alrededor, intenta detener su situación, pero no puede. Entonces se le aparece un angel y la condena a bailar hasta después de su muerte, para que le sirva de ejemplo a otras niñas. Para eludir tan trágico destino, decide cortarse los pies y en su lugar le ponen unos pies de madera. Pero a partir de ese día sus pies de verdad la siguen a todas partes, bailando con las zapatillas rojas.
Esta historia caracteriza muy bien el estado transitorio de una tesis y el no poder parar porque ella controla tu vida. Pero claro, ¿qué pasa después? Lo que no me podía imaginar es que el acabar iba a traer consigo muchas otras cosas, como un enorme cansancio físico y mental. Por fin uno puede relajarse por el intenso esfuerzo realizado durante años. Pero, uno también tiene que enfrentarse al vacío post-tesis, y decirle a la mente que esa etapa ya acabó. Cuesta un poco darse cuenta de ello cuando lo único que has hecho durante años es eso. Lo primero que hice cuando acabé de escribir la tesis fue dormir. Dormir durante días, porque el golpe es tan fuerte que la mente y el cuerpo no pueden reaccionar. No me apetecía hacer nada más, sólo dormir. Por otro lado, hay que enfrentarse a esa pérdida de equilibrio provocada por haber olvidado lo que significa vivir. Hay que aprender a caminar de nuevo, y en eso estamos, un pasito tras otro.
Esta era la buena noticia que estaba esperando daros desde hace meses. Quería agradeceros a todos vuestro gran apoyo durante todo este tiempo. Me habéis ayudado y animado mucho y os lo agradezco de todo corazón. Sois estupendos! Muchísimas gracias a todos! ♥